Revista Colombia Energía Edición No. 17
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En entrevista con Colombia Energía, Alejandro Castañeda Cuervo, Director Ejecutivo de ANDEG, habla sobre la Industria energética en lo corrido del año, nos cuenta sobre los nuevos proyectos de generación térmica que pronto entrarán en operación, representando cerca de 330 MW de nueva capacidad, y manifiesta las expectativas que tiene el sector con respecto al nuevo Gobierno.

¿Cuál es el balance del sector de las termoeléctricas en lo corrido del año?

Ha sido un año bastante lluvioso con mucho aporte hidráulico, por lo que la generación térmica no fue tan relevante durante estos primeros meses del año. En 2017, por ejemplo, un 85 de lo que se consumió de energía eléctrica fue generado con agua y el resto con generación térmica. La única generación de energía que se ha producido, desde el punto de vista térmico, ha sido la generación de seguridad, la cual se presta en algunas regiones del país donde las líneas de conexión, tanto regionales como de distribución local, están presentando retrasos en inversión y en el estado de las redes.

Cuéntenos acerca de los nuevos proyectos que se están adelantando

Antes que termine el año se espera que entren dos plantas térmicas nuevas, Gecelca 3.2, una generadora con base en carbón, ubicada en Puerto Bolívar, Córdoba, con una capacidad de unos 250 MW, la cual empezará en julio su operación comercial. La otra es Termonorte, una planta de 80 MW, declarada en combustibles líquidos, diésel y gas natural, ubicada cerca de Santa Marta y la cual entrará sobre el tercer o cuarto trimestre del año. Se trata de unos 330 MW de capacidad nueva que se van a introducir en el sector.

¿Esto significa un respaldo para el Atlántico?

Se trata de un respaldo para todo el país, sin embargo, busca atender especialmente las restricciones en el Atlántico. El número de restricciones se ha incrementado de unas 100 hace cuatro años a unas 135 en la actualidad, esto hace que se requiera más generación de seguridad, particularmente en la Región Caribe, donde es más evidente y recurrente el atraso en redes.

La demanda a nivel nacional no ha crecido mucho, los niveles están en el orden del 2.2% y 3% en los últimos meses, sin embargo, la región Caribe está creciendo entre el 6 y 7% anual, lo cual además de ser bastante alto, significa una aceleración en términos de necesidad de redes.

Hablando de Hidroituango, ¿cuáles cree que son las medidas que se deben tomar, a nivel sectorial, frente a esta situación?

El tema de Ituango es realmente desafortunado, se trató de un evento no previsto que se salió de control. Desde el punto de vista sectorial hay tranquilidad hasta 2021, ya que la energía firme del proyecto es de apenas 2.9 GWh día, eso más o menos corresponde a un 1.5% del total de la demanda nacional. De tal forma que con las plantas que existen hoy en día en el país, más las nuevas que están emergiendo, el sistema es capaz de aguantar el hecho de no contar con Ituango hasta el 2022. De ahí en adelante se debe analizar si el parque de generación contará con Hidroituango, ya que si a esta situación le sumamos la presencia del fenómeno de El Niño, podríamos tener un déficit en generación.

¿Cuál es la expectativa del sector frente a este nuevo Gobierno?

Son varias cosas. El tema de Ituango va a poner a pensar al gobierno si es necesario fortalecer el parque de generación para 2022 y, así mismo, en nuevas estrategias para suplir los faltantes de energía de 2022 en adelante.

Por otra parte, todo lo relacionado con la conflictividad social de los proyectos, desde el punto de vista social y ambiental. La consulta previa necesita ser reglamentada lo antes posible, fue desafortunado que en el gobierno pasado no se radicará el proyecto de ley, pese a que se venía trabajando en ello desde hace más de tres años.

En cuanto a lo social, vemos que la población requiere energía, combustibles y minería, pero no quiere tener grandes hidroeléctricas, termoeléctricas, ni líneas de transmisión, entonces este gobierno deberá tomar una posición clara en términos de lo que es prioritario para el país.

Desde el sector eléctrico, el Gobierno tendrá que solucionar el exceso de regulación que hay en sectores como el de gas y energía eléctrica, por lo que se requerirá revisar el marco institucional, fortalecer el segmento regulatorio y tratar de simplificar la regulación, haciéndola mucho más entendible y fácil de aplicar.

¿Cómo se han preparado las térmicas para enfrentar nuevos fenómenos de extrema sequía?

Hoy nos encontramos en una situación más favorable en comparación con lo que pasó hace tres años Por una parte, gracias a los ajustes regulatorios hechos por el gobierno al tomar la decisión de modificar el precio de escasez, los incentivos se ajustaron y la totalidad de las térmicas han operado sin llegar a registrar pérdidas y así lo harán en momentos de baja hidrología. Por otra parte, las subastas de expansión que vienen en próximos meses le darán a las térmicas un papel preponderante en la matriz de generación.

¿Cómo ha incidido el cargo por confiabilidad?

Vale la pena aclara, que el cargo por confiabilidad, no es un seguro como se viene afirmando, sino un pago que se hace mes vencido a los generadores eléctricos por la disponibilidad de las plantas durante el mes anterior para cubrir costos fijos que incluyen las inversiones en expansión, optimización y actualización tecnológica en los mantenimientos mayores, pólizas de seguros, pago de impuestos, tasas y contribuciones, nómina y programas ambientales y sociales; ha sido un esquema fundamental para la sostenibilidad del parque térmico en Colombia.

Además, el cargo ha sido exitoso por varias razones: la primera, es que desde su implementación en la década de los 90 el país ha sufrido cinco fenómenos de ‘El Niño’ y nunca ha tenido que racionar un solo minuto de energía por indisponibilidad de generación, como ha sucedido en Ecuador, Brasil y Argentina. La segunda, el cargo ha permitido incrementar la capacidad de generación del país en 60 por ciento desde el 2008, con inversiones que superan los 10.000 millones de dólares. Hoy, contamos con un parque de generación en óptimas condiciones y disponible para atender las necesidades de los usuarios.

¿Qué aconsejarle a este nuevo gobierno para que el mercado de las energías renovables se desarrolle de manera adecuada en Colombia?

Con el tema de las energías renovables se tomaron decisiones en el anterior gobierno, de manera apresurada y sin tener en cuenta los efectos de esa legislación. Además, lo que se percibe desde la experiencia de otros países es que ese proceso generó algunas complicaciones operativas que han impactado a los usuarios finales en su tarifa.

Nos inquieta la contratación a largo plazo y si el gobierno va a ser capaz de crear este mecanismo sin alterar el funcionamiento normal del resto del mercado en cuanto a la bolsa y los contratos de corto y medianoplazo. Actualmente, solo tenemos como hoja de ruta un decreto muy general, que da la posibilidad de contratación a largo plazo para las energías renovables, pero, si por ejemplo hubiera interesados en vender energía, a largo plazo, en carbón no sabríamos exactamente qué hacer. Pienso que se está improvisando sin tener todo el panorama claro. Igualmente, los costos de las energías renovables han disminuido casi un 90% en los últimos 10 años y hoy en día son competitivas per se, entonces la discusión con el gobierno debe girar en torno a por qué las renovables continúan teniendo incentivos adicionales o mecanismos especiales, en vez de que todos participen equitativamente.

Desde hace más de cinco años ustedes vienen trabajando en el tema jurídico, ¿cómo va ese proceso?

Nuestro mercado todavía tiene muchas puertas cerradas y le falta abrirlas para ser cada vez más liberal, competitivo y eficiente. Desde hace cuatro años, estamos haciéndole ver al gobierno que el sector se quedó con reglas de funcionamiento de hace 20 años, temas como por ejemplo el funcionamiento de la bolsa eléctrica y los contratos se quedaron atrás y no seguimos pensando en actualizar esos mecanismos.

Hace falta abrirnos a nuevas oportunidades para complementar y tener una arquitectura mucho más robusta en el mercado; por ejemplo, que los usuarios si tienen autogeneración (paneles solares en una industria o en su vivienda), sean capaces de vender esos excedentes y lucrarse de esa inversión.

Hasta ahora estamos comenzando a movernos en esa dirección, no ha sido fácil, pero por lo menos desde el regulador se están proponiendo estudios para llegar a ese nivel de detalle que nos abra las puertas para crear nuevos mercados y así ganar eficiencia.

¿Qué aspectos se deben ajustar en el sector con el fin de que Colombia sea atractiva para la inversión?

Lo más importante es contar con estabilidad jurídica y confianza en la inversión. La sensación que tiene la industria es que las reglas de juego que se establecen para desarrollar un proyecto se cambian sin importar si alguien invirtió grandes cantidades de dinero. De ahí que tengamos que mostrar que si se puede invertir en Colombia sin modificar las normas.

Un ejemplo de ello es que en diciembre de 2017 se propuso una nueva norma (luego de tener una hace 10 años) la cual indica que se debe aumentar el caudal ambiental, es decir, dejar seguir más agua y no utilizarla para generación, esto sin duda causa una pérdida del 60% en la capacidad de energía que producen las hidroeléctricas.

Aunque es positivo que Colombia aumente los requerimientos ambientales, se debe verificar la normatividad y establecer acuerdos, con el fin de que no haya una afectación en el sector. Este asunto, sumado a la conflictividad social y al licenciamiento ambiental y de permisos deben discutirse a fondo, estableciendo prioridades y generando buenas prácticas para un correcto funcionamiento.

¿Cómo trabaja ANDEG de la mano con la comunidad?

El involucramiento con la comunidad es cada vez más alto y hay mucha más interacción. Cuando llegamos a desarrollar un proyecto, analizamos las falencias de la comunidad y tratamos de suplir sus necesidades. Somos conscientes de la problemática social y por ello generamos proyectos de desarrollo comunitario, además nos involucramos con la población, haciéndolos participes en las discusiones del proyecto y atendiendo sus requerimientos. 

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